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Archive for 26 abril 2006

Punto

Vale. Vuelvo a la vida blogeril tras mi incorporación al trabajo.
Y mira por dónde, tengo unos cuantos posts en modo borrador.
Los iré dosificando, que siempre me pasa igual: de todo a nada en dos segundos.

Ahora que por fin decidí darme de alta en el ring de teje-teje, creo que es el momento ideal para contaros mis inicios y a qué me dedico ahora.
Hacía años que no cogía un par de agujas entre mis manos. El punto, como otras tantas de las actividades feminizadas de mi infancia, quedaron en el baúl de los recuerdos por propia voluntad y expreso deseo cuando aún no se habían ni siquiera afianzado entre mis hábitos y saberes. Afortunadamente una todavía tiene amigas dispuestas a convencerla de las bondades de algunos vicios. Así, hace un poco menos de dos años un “si tu haces tal, yo hago cual” me llevó a reencontrarme con las agujas de tejer. Y ahora no puedo parar. Digo yo, ¿no será ilegal que me hayas enganchado a las agujas?
Debo decir que he descubierto una actividad relajante y creativa, además de manual, que es una faceta que desarrollo poco.
Pero hace poco he descubierto algo que todavía me ha enganchado más. No tengo mucho tiempo libre (supongo que como muchas o todas, no?) Con dos niños menores de tres años, trabajo dentro y fuera de casa, y un vicio que ya me quita muchas horas y del que no puedo prescindir (leer), pues como que no tengo muchos ratos libres. Así es que, aunque empecé tejiendo grandes proyectos tipo jerseis, chales, mantitas (prometo fotos de todos), realmente lo que me ha enganchado del todo ha sido las bufandas caladas. Tienen el tamaño justo, la dificultad que quieras porque calados hay de todo tipo y me permiten dedicarme en ratos muertos (una vuelta se puede hacer en cualquier rato libre y no como las eternas vueltas de los chales). También son proyectos que acaban relativamente rápidos, con lo que puedo enseguida cambiar de calidad de lana o hilo, cosa que también me relaja mucho.
Además, son un regalo estupendo.
En cuanto me aclare con Flickr, fotos.

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Dos

El segundo libro en reseñar de este año (aunque no el segundo en leer… temo que se me acumula el trabajo) es Cosas por las que discutimos mi chica y yo, de Mil Millington.
Estaba en la biblioteca tratando de encontrar un libro que me enganchara cuando leí el principio de este… y caí rendida. Me hizo tanta gracia que me quedé con ganas de más.
Pensaba copiar algún párrafo aquí, pero si seguís este enlace, Alfaguara os da acceso a todo el primer capítulo.

¿Qué decir de este libro? Más de una vez, afortunadamente muchísimas veces, me ha sucedido que llega a mis manos el libro adecuado para el momento adecuado. También sucede a la inversa, claro, que un libro que podría gustarte mucho, lo empiezas a leer cuando no estás receptiva… y se fastidió la lectura y el libro queda en el cajón de los recuerdos hasta próximos intentos.

Pues este libro ha llegado en un momento ideal. Necesitaba unas dosis de risas y ahí estaban todas dispuestas para mi. Me he reído a gusto y aunque las risas no nos vienen a todos por el mismo lado, me atrevería a decir que cualquiera puede disfrutar de las “desgracias” que le suceden al pobre protagonista, no siempre responsable del devenir de los acontecimientos.
Enmarcaría esta novela en la nueva literatura inglesa de lo cotidiano. ¡Vamos que no soy nadie ni nada yo para inventarme términos! Podría estar al lado de Bridget Jones (aunque para mi gusto es mucho más entretenida, mejor escrita y más graciosa) o de Marian Keyes de la que últimamente me he leído un par de libros. Aunque es más curioso el punto de vista de un hombre en este asunto.
Si no os reconocéis o reconocéis a algún conocido en las escenas de pareja o incluso de trabajo, me sorprendería mucho. Os lo recomiendo ahora que vienen las mini vacaciones de semana santa.

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