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Archive for 29 mayo 2006

Fragmento

Estoy leyendo “El molino del Floss” de George Eliot. Me gustó mucho “Middlemarch”, muchísimo. Esta mujer, independiente, adelantada a su época, escribe de una manera que te deja perpleja, sí, quizá sea esa la palabra. En ocasiones me encuentro con fragmentos tan actuales que parece mentira que se escribieran hace dos siglos y medio. Os dejo este que me ha gustado mucho, en especial para todas esas mamás que están día a día tratando de hacer que sus hijos e hijas crezcan como personas! Vaya, me pongo muy seria!

Os pongo en antecedentes. Maggie, la protagonista, harta de que en las reuniones familiares todo el mundo compare su pelo negro indomable, con el precioso y siempre bien peinado pelo rubio de su prima, decide que si se lo corta no habrá más comentarios. ASí lo hace y cuando se mira al espejo comprende la magnitud de lo que ha hecho. Sabe que al contrario de lo que esperaba, el corte va a dar mucho más que criticar…

“¿Qué otra cosa podía hacer que llorar? Permaneció sentada tan indefensa y desesperada entre los negros mechones como Áyax entre las ovejas muertas. Tal vez su angustia parezca muy trivial a los curtidos mortales que tienen que pensar en facturas navideñas, amores muertos y amistades rotas, pero no era menos amarga para Maggie -tal vez incluso más- de lo que lo son lo que nos gusta denominar antitéticamente “las verdaderas penas” de la madurez. “Ay, hijo, ya tendrás problemas de verdad para preocuparte dentro de poco”, nos han dicho a casi todos en la infancia para consolarnos, y lo hemos repetido a otros cuando hemos crecido. Todos hemos sollozado lastimeramente, sostenidos por diminutas piernas desnudas que asomaban por encima de pequeños calcetines, al perder de vista a nuestra madre o a la niñera en algún lugar desconocido, pero ya no podemos evocar el dolor del momento y llorarlo de nuevo, tal como podemos hacer con los sufrimientos de cinco o diez años atrás. Todos estos instantes tan intensos han dejado su huella y perduran en nosotros, pero estas huellas se han mezclado irremisiblemente con la textura más sólida de la juventud y la madurez; por ello podemos contemplar los disgustos de nuestros niños con una sonrisa de incredulidad ante su dolor. ¿Hay alguien que pueda recuperar la experiencia de su infancia, no sólo con el recuerdo de lo que hizo y lo que le sucedió, de lo que le gustaba y lo que le disgustaba cunado llevaba bata y pantalones, sino plenamente, con la conciencia revivida de lo que sentía entonces, cuando el tiempo entre dos veranos transcurría tan lentamente?¿Lo que sentía cuando los compañeros de colegio lo echaban de su juego porque lanzaba mal el balón por mera terquedad? ¿O en un día de vacaciones lluvioso, cuando no sabía cómo divertirse y pasaba de la ociosidad a la travesura, de ésta al desafío y de éste al malhumor? ¿O cuándo su madre se negaba tajantemente a permitir que tuviera una levita aquel trimestre, aunque todos los niños de su edad llevaban ya la chaqueta con faldones? Si pudiéramos recordar estas amarguras tan tempranas y nuestras oscuras previsiones, aquella concepción de la vida sin perspectivas que tan intensa hacía la amargura, no nos reiríamos de las penas de nuestros hijos”.

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Más literatura infantil (por cierto, que si no indico lo contrario, los libros están recomendados para dos-tres años que es la edad del peque)

Diaz, James, Gerth, Melanie y Diaz, Francesca: Mi primer gran libro de los vehículos. Barcelona: Ed.Combel, 2004. Colección Mi primer gran libro
Libro juego con muchos elementos interactivos: solapas, lengüetas, móviles… Como su nombre indica en las páginas del libro te encuentras con una gran variedad de vehículos. No tiene más texto que el que indica el nombre de los vehículos.

Darío ha sacado este libro de la biblioteca un montón de veces. Le encanta, y eso que está estropeadísimo. Claro que lo de Darío y este libro tenía que ser amor a primera vista porque si hay algo que el peque adora son los vehículos, llegando a puntos casi obsesivos… ¡reconoce vehículos de los que he tenido que aprenderme el nombre para seguirle la pista!
Es un libro entretenido. Aunque es de los que, al ser de la biblioteca, corres el peligro de que se te quede alguna lengüeta en la mano…

La colección de Panocha ha sido un grato descubrimiento. Aunque en la web de la editorial podéis ver toda la serie, por nuestras manos sólo han pasado dos:

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¡Adiós a la tele! Panocha y sus amigos están dispuestos a pasar toda la tarde viendo la tele. De pronto se estropea y papá los envía fuera a jugar para que no molesten mientras está arreglándola. Las ganas de ver la tele se esfumarán tan pronto como descubran lo divertido que puede ser jugar en la calle…

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¡No comparte nada! Panocha es un poco “agarradillo” y no quiere dejarle ninguno de sus juguetes a su amiga, aunque tenga tantos que no los puede utilizar todos a la vez. Sin embargo, cuando ella llega con su nuevo triciclo, las cosas cambian.

Panocha es un pequeño tigre que vive con sus padres y su hermanita. Y le pasan la clase de cosas que le pueden pasar a nuestros niños. Es ideal en cuanto a tamaño (del libro y de la historia) Además las hojas están plastificadas que es una idea brillante para evitar que se estropeen: se pueden borrar las “marcas” provocadas por la edad y la emoción…

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Leyendo

Hay dos cosas buenas de haberme quedado sin trabajo hace nada. De las malas no hablaré porque no tengo el cuerpo pa quejas. Una es que puedo pasar mucho tiempo con mis niños (y lo adoro) y la segunda es que puedo leer mucho más. No mucho, porque eso desde que soy mamá es misión imposible, pero sí mucho más que cuando trabajaba.
Y como no voy a poder estar mucho tiempo sin trabajar ando aprovechando el tiempo y llevo tres libros en danza. Bueno, dos porque ayer me acabé uno y me dejó apasionada.

Hace tiempo descubrí que lo que diferencia la buena literatura de la literatura “rápida”, del best-seller, es que la buena literatura te pide relectura constantemente. Me pasó con Jane Austen. Una vez leí Orgullo y prejuicio tuve que leer inmeditamente todas sus obras, y siempre, siempre tengo a mano un ejemplar de Orgullo y prejuicio para momentos de “no sé qué leer y el cuerpo me pide ritmo”.
Después de Austen, descubrí a otras mujeres inglesas escritoras: las Brönte, George Eliot, Virginia Woolf y finalmente Doris Lessing. Todas ellas están entre mis preferidas, preferidísimas.

De las Brönte me encantó el libro de Anne (La inquilina de Wildfell Hall) y de Charlotte había leído Jane Eyre (que es espectacular, impresionante, incluso me hizo perdonarle las cosas tan feas que había dicho sobre Austen) y El Profesor. Pero no había conseguido ninguna de las otras dos novelas: Shirley y Villette. Esta última acaba de reeditarla Alba, que hace unas ediciones bastante buenas de clásicos, y la tengo encargada y en camino. Y la primera “Shirley” la acabé justo ayer. ¡Dios, cómo odio a la buena de Charlotte! Jajaja. Cuando lo terminé pensé inmediatamente en volver a leer Jane Eyre. Pero no, no tengo tiempo para relecturas, y afortunadamente hay otros dos libros que me tienen en ascuas, jeje.

Pero lo que sí me hizo fue darme cuenta de que, aunque lea montones de novelas del montón, hay algo que me hace darme cuenta de cuando estoy ante una gran obra y una gran escritora. Lo cual me da que pensar que no es en vano tanto tiempo destinado a la lectura (bueno, no lo sería en cualquier caso, porque leer me encanta y es mi manera favorita de pasar mis ratos libres), pero además me doy cuenta de que con los años he ido formando mi gusto literario y puedo hacer crítica literaria y quedarme tan pancha, jaja.

Shirley tiene en parte el encanto del retrato de sociedad que aparece en los libros de Austen. Pero sólo en parte porque si bien es cierto que habla de “visitas” y “salones”, de la clase alta y los comerciantes, también retrata la sociedad de la primera época industrial británica, la guerra napoleónica y los problemas de la introducción de la maquinaria en las fábricas. Además, está repleto de “perlas”, o sea, esos pasajes que acabas de leer y tienes que volver a releer porque te parece que contienen verdades filosóficas y frases para aprender de memoria.
Recomendado queda.

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