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Archive for the ‘Peques’ Category

Breves #1

Últimamente en el trabajo nos hemos juntado muchas madres. Y uno de los temas recurrentes en nuestras conversaciones es el peso de los bebés.

Reconozco que desde que leí Mi niño no me come, de Carlos González (el Carlos pediatra de mi tribu, Carmen) mi visión de la alimentación infantil cambió para siempre.

No siempre tengo ganas de discutir con todas, de decirles que no es tan importante cuánto pesen los niños, que no es una competición, y que los niños te suelen marcar el ritmo de alimentación (siempre siguiendo unas pautas, cierto, pero diciendo lo que quieren y lo que no en su propia forma y lenguaje).

Pero encuentro que hay algo perverso en que nos pasemos media vida preocupándonos porque los niños pesan poco, para luego pasar el resto de la vida preocupándonos porque nosotras o ellos pesamos demasiado…

No creo que vuelva a escribir antes, así es que a todas ¡Feliz año nuevo!

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Noviembre, calabazas y desayunos

Ya son dos los años que llevamos tratando de que crezcan las calabazas en nuestro peque-huerto. Dos años en que plantamos y vamos viendo cómo crecen preciosas las plantas. Todo bien. Las flores aparecen, tímidas, de una en una (¡me encantan las flores de calabaza!) Pero no pasamos de ahí: todas las flores abortan y nos quedamos sin calabazas.
Y justo dos años hace en que la celebración de Halloween se nos ha presentado como más cercana: ya no es tanto del otro lado del Atlántico, o una cosa de las películas. Ahora tenemos celebración en el colegio, noche de “Truco o trato” en el vecindario, y, lo que más me gusta… todas esas blogueras mostrando en sus blogs lo que hacen con calabazas, cómo decoran sus casas y jardines, las manualidades y recetas para hacer con niños en esas fechas… inundación de calabazas en toda regla. Imposible resistirse.
Yo soy más de la “Castañada”, para qué engañarnos. Pero, ¿qué hacer cuando el tiempo no acompaña? Incluso en la guardería han retrasado la celebración de octubre a finales de noviembre. ¿Para qué ir a buscar hojas para celebrar el otoño si justo ahora están empezando a caer?
Cuestiones climáticas aparte, y como me repito mucho y ya sé que para qué quejarme si elegí yo mismita vivir en el sureste español… para celebrar mi enamoramiento calabacero, me he decidido a participar en el HEMC #5, que es una iniciativa que me parece genial, con estas magdalenas de calabaza.
Y aquí os dejo la receta. Os las recomiendo, porque además de estar buenísimas, son facílisimas de hacer.

Ingredientes para unas 15:

225 gr de harina
225 gr de calabaza hervida
120 gr de mantequilla a temperatura ambiente
150 gr de azúcar moreno
4 cucharadas de miel de caña
1 huevo
¼ cucharadita de sal
1 cucharadita de bicarbonato
1 ½ cucharaditas de canela molida
½ cucharadita de nuez moscada
30 gr de pasa de Corinto

Batir la mantequilla con el azúcar y la miel hasta obtener una crema ligera y esponjosa
Añadir el huevo batido y la calabaza. Mezclar bien.
Tamizar la harina, la sal, el bicarbonato, la canela y la nuez moscada y mezclar hasta amalgamar. Incorporar las pasas.
Precalentar el horno a 200ºC. Llenar los moldes hasta unas ¾ partes de su capacidad.
Cocer unos 12-15 minutos, hasta que ofrezcan una ligera resistencia al tocarlas.

Una nota para las que tengáis niños pequeños. Hasta ahora no me había decidido con el tema de preparar en casa repostería de ningún tipo. No se me da la cocina mucho, la verdad. Pero pensando en que Darío tiene que llevar todos los días desayuno al cole, me di cuenta que no me gustaba la idea de enviarlo con repostería industrial. Así es que ahora le preparo todos los domingos un tipo diferente de magdalenas (unas más exitosas que otras). Y le envío un par junto a un lácteo para beber y un puñaico de frutos secos.
Me parece que es un desayuno bastante equilibrado. Y, a lo que iba, ¡es facilísimo hacer magdalenas! Nunca lo hubiera dicho.
¡Que os aproveche!

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La hora del cuento

El otro día me preguntaba Mami Delux sobre cuándo empecé a leerle a Darío por la noche. Y justo ese mismo día, pensando en la respuesta a esa cuestión, recordé cómo empezó todo…

Hace ya algún tiempo, en uno de los múltiples trabajos que he tenido, me encargué de hacer unos talleres de cuentos infantiles para asociaciones de padres y madres de alumnos. Durante el tiempo de preparación leí artículos muy interesantes sobre el tema de la lectura infantil y los cuentos (a quien le interese, este artículo está bastante bien). Y lo que quería que quedara como “perla” de la sesión, eran dos ideas principales:

1. Que al niño hay que darle historias… las que sean, pero fomentar su pasión por la narración oral, por el poder de la palabra
2. Que dedicar un rato de nuestro tiempo en exclusiva a eso es darle la importancia que se merece tanto a la narración de historias como a nuestro hijo

Así es que con Darío empecé muy, muy pronto a contarle historias. Y muy pronto quiere decir con meses, ocho o nueve meses. Pero no le leía cuentos. Eso quedó para más adelante, cuando aprendió a manejar los libros como objeto, le atraían las imágenes y yo pensaba que era aburrido para él contar el “cuento del día”. Y es que eso es lo que hacía, me sentaba a su lado en la cuna (a veces también en el coche) y le contaba todas las cosas que habíamos hecho ese día, y cuando terminaba le contaba lo que íbamos a hacer al día siguiente. Por supuesto todo adornado, y emocionada de cualquier cosa como : “y vamos a ir a poner gasolina al coche a un sitio especial que se llama gasolinera donde viven unos señores con un traje azul…” En fin, si tenéis niños os haréis una idea. Después vinieron las historias de otros, las de los libros o las historias populares.

Y ayer, como decía al principio, me dí cuenta de que había abandonado la antigua receta y aún era una receta deliciosa. Darío no suele contar muchas cosas de lo que hace cuando no está con nosotros. Ayer fue el primer día de cole y no conseguía que me dijera nada de nada. Cuando nos acostamos le conté lo que había hecho durante el día. Todo, desde que me levanté hasta ese momento. Y fue mágico. Cuando terminé de hablar, él empezó a contarme todo lo que había hecho, desde que se levantó…

Os lo recomiendo. Tal vez no funcione para siempre, pero estoy segura que el dedicar un rato a charlar o contar o lo que apetezca, quedará como un poso para el futuro.

Bueno, con la peque es diferente. Desde que la cambiamos a la habitación de los niños, ha escuchado las historias. Y no os lo vais a creer pero mientras le contaba el último cuento a Darío, me pareció que se asomaba para ver los dibujos…

Nota: No suelo contestar a los comentarios, me disculparéis, pero normalmente tengo tan poco tiempo que si no contesto al momento luego no tengo más tiempo de volver a leerlos… Pero muchas gracias a todos por vuestros comentarios.

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Libros de la semana

Título: Cuentos cortos para dormir
Autores: Beatriz Doumerc, Pedro Mª García Franco
Ilustradores: Mabel Piérola, Horacio Elena Romero, Francesc Rovira i Jarque
Madrid: Bruño, 2002. ISBN: 84-216-9091-4

Estuvimos buscando durante tiempo un libro de cuentos adaptado a la edad y los gustos del peque. Creo que desde siempre le hemos leído cuentos a Darío por la noche (bueno desde que él es un poco consciente) Es un ritual importante para finalizar el día y si además, como a Darío, te entusiasma que te cuenten historias, es imprescindible para que se quede en la cama.
Como sabréis, si tenéis niños pequeños, a los peques les gusta la repetición, lo ya conocido. Por eso cuando pillan un cuento que les gusta lo exprimen hasta el infinito…
Pues bien, la idea por las noches es que él escoja un cuento y luego nosotros (casi siempre el papá, que se suele encargar más a menudo de acostarlo) otro.
Finalmente compramos un par de libros que parecían más de lo que finalmente fueron.
Hace un mes, y gracias a la biblioteca del barrio, encontramos este que os reseño hoy. Según indica mi página de referencia en literatura infantil, no es de gran calidad literaria… pero es de lo más adecuado para los niños: cuentos cortos, protagonistas animales, juego con las letras en cada cuento, dibujos grandes y vistosos…

Para pequeños de 0 a 5, sobretodo si les gustan los animales o empiezan a identificar/jugar con las letras…

Lo puedes encontrar en literatura peques

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El cole

Empezamos el nuevo curso y ayer fue la primera reunión en el colegio de mi hijo.
Pensé que íbamos a tratar temas importantes, temas que pueden resultar “inquietantes” para cualquier madre primeriza en esto, como yo. Pero no, parece que lo que el director tenía en mente era contarnos sus problemas con la consejería para conseguir material, y cuánto trabajaba, y qué bien lo hacía y demás.
Muchos años me quedan que convivir con el buen señor, así es que respiré hondo y estuve casi todo el tiempo con mi cara de “asentimiento”, que ya habrá momentos más propicios para “bromear” con lo plastas que son algunos. Y me quedé sin saber qué van a hacer durante todas esas horas en el colegio… pero sólo por ahora.

Pero lo que más me impactó fue que nos hicieron escoger allí mismo si queríamos que nuestro hijo diera clases de religión. Lo primero que se me ocurrió preguntar fue: ¿de qué religión?, pero reconozco que no me encontraba en modo “tocapelotas” y que me daba igual cuál fuera la religión porque la respuesta iba a ser la misma. Así es que mi asombro sólo dio para preguntar: ¿con tres años?
Pues sí, con tres años. Y después del nuevo monólogo del director sobre aprovechamiento de recursos, etc, etc… me enteré de que no sólo con tres años se impartían clases de religión, sino que además la alternativa era algo impreciso agrupado bajo el epígrafe “Actividades alternativas a la religión” y que, como eran sólo uno o dos los que no daban las clases, se los sacaba de su clase y se los enviaba con la tutora a hacer algo de lo más impreciso al salón de actos. Y me toca la fibra sensible (por no decir otra cosa) porque:

1. Creo que la función principal de la escuela en estos años (como muy bien comentaba Miguel el otro día) es “socializar” a los peques. Por eso, establecer estas distinciones me parece arbitrario, innecesario y antipedagógico. ¿Qué van a hacer con los pequeños en esas horas? ¿Entretenerlos? Y ¿quién habrá en esas clases? Los musulmanes y los no católicos. ¿Es necesario que la escuela fomente esas distinciones, cuando en otros temas pretende “igualar” a los niños?
2. La religión debería ser la alternativa, debería ser una actividad extraescolar, no entorpecer el ritmo habitual de las clases.
3. Aunque yo fuera creyente/practicante, estoy segura que no dejaría en manos de desconocidos la formación religiosa de mis polluelos… ¿en manos de alguien que no conoces?
4. Se me atraganta que los profesores de religión sigan siendo designados por el obispado a dedo, aunque luego los pague la consejería y tengan los mismos puntos en las oposiciones por años trabajados. Es injusto a todas luces, y más si en algún momento nos hemos creído que la enseñanza y el gobierno en España son laicos.

Pero, en realidad, después de meditarlo mucho, creo que mi batalla está en el campo de la alternativa propuesta. Vamos a ver, ¿puedo consentir que mi hijo vaya a pasar una hora a la semana cara a cara con su tutora sin nada que hacer? Evidentemente no. Así es que lo que tengo claro es que quiero que definan en la escuela para este año y todos los que quedan por venir, qué se va a hacer en lugar de religión. Por supuesto, tengo una lista de propuestas. Y espero que me escuchen, porque esto no ha hecho más que empezar…

Lo puedes encontrar en peques educación

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Siete meses

Mi pequeña Siria cumplió el domingo 7 meses. Y yo que creía que los casi tres años de Darío se habían pasado rápido… me parece mentira que la peque tenga ya siete meses.
Es curioso que con Darío contaba las semanas que iba cumpliendo, igual que en el embarazo que lo llevaba al día. Con Siria, sin embargo, ha sido diferente. De pronto recuerdo que es día 16 y que cumple un mes más.

Siria es una niña muy tranquila. Duerme mucho (increible, hay bebés que duermen, jeje)Come bien y está normalmente sonriendo. Sólo llora cuando tiene hambre pero lo hace de una manera tan urgente, tan grave, que siempre me da la sensación de que tiene que pasarle algo más. Afortunadamente no es así, y en cuanto le doy de comer la sonrisa vuelve a sus labios.

Está aprendiendo mucho y muy rápido. Cada día tiene más movilidad. Además, Darío suele probar las cosas más peregrinas con ella, como hasta dónde puede doblarse, o si llora cuando le quita el juguete que tiene entre manos. A cambio, también le dedica tiempo cantándole canciones o mostrándole juguetes y libros. Siria lo adora, literalmente, y en cuanto aparece en escena o simplemente lo oye hablar, no le quita ojo de encima.

Otra cosa que le encanta es el agua. Desde el primer baño, sólo llora en el agua cuando la sacamos. Eso, junto a los calores que padecemos en estas latitudes, hacen que sea ideal un buen baño fresquito para que se relaje, y yo diría que es de los momentos que más le gustan del día.

Un mes más… ¡felicidades pequeña!

Nota: Escribí este post el domingo pasado y lo dejé pendiente de editar para incluir una fotillo, pa que viérais a mis tesoros.. al final, no me he sentado en toda la semana en el ordenador (quitando las 7 horas diarias en el trabajo, en que no paro de currar pero no puedo ni ver el correo) Pero no quiero olvidar nombrar que durante esta última semana Siria se ha decubierto como una auténtica charlatana… tiene un rollo la tía!!! Cualquiera diría que es hija de su madre!! Jajaja

Lo puedes encontrar en peques vida

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Más literatura infantil (por cierto, que si no indico lo contrario, los libros están recomendados para dos-tres años que es la edad del peque)

Diaz, James, Gerth, Melanie y Diaz, Francesca: Mi primer gran libro de los vehículos. Barcelona: Ed.Combel, 2004. Colección Mi primer gran libro
Libro juego con muchos elementos interactivos: solapas, lengüetas, móviles… Como su nombre indica en las páginas del libro te encuentras con una gran variedad de vehículos. No tiene más texto que el que indica el nombre de los vehículos.

Darío ha sacado este libro de la biblioteca un montón de veces. Le encanta, y eso que está estropeadísimo. Claro que lo de Darío y este libro tenía que ser amor a primera vista porque si hay algo que el peque adora son los vehículos, llegando a puntos casi obsesivos… ¡reconoce vehículos de los que he tenido que aprenderme el nombre para seguirle la pista!
Es un libro entretenido. Aunque es de los que, al ser de la biblioteca, corres el peligro de que se te quede alguna lengüeta en la mano…

La colección de Panocha ha sido un grato descubrimiento. Aunque en la web de la editorial podéis ver toda la serie, por nuestras manos sólo han pasado dos:

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¡Adiós a la tele! Panocha y sus amigos están dispuestos a pasar toda la tarde viendo la tele. De pronto se estropea y papá los envía fuera a jugar para que no molesten mientras está arreglándola. Las ganas de ver la tele se esfumarán tan pronto como descubran lo divertido que puede ser jugar en la calle…

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¡No comparte nada! Panocha es un poco “agarradillo” y no quiere dejarle ninguno de sus juguetes a su amiga, aunque tenga tantos que no los puede utilizar todos a la vez. Sin embargo, cuando ella llega con su nuevo triciclo, las cosas cambian.

Panocha es un pequeño tigre que vive con sus padres y su hermanita. Y le pasan la clase de cosas que le pueden pasar a nuestros niños. Es ideal en cuanto a tamaño (del libro y de la historia) Además las hojas están plastificadas que es una idea brillante para evitar que se estropeen: se pueden borrar las “marcas” provocadas por la edad y la emoción…

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