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Archive for the ‘Textos’ Category

Fragmento

Estoy leyendo “El molino del Floss” de George Eliot. Me gustó mucho “Middlemarch”, muchísimo. Esta mujer, independiente, adelantada a su época, escribe de una manera que te deja perpleja, sí, quizá sea esa la palabra. En ocasiones me encuentro con fragmentos tan actuales que parece mentira que se escribieran hace dos siglos y medio. Os dejo este que me ha gustado mucho, en especial para todas esas mamás que están día a día tratando de hacer que sus hijos e hijas crezcan como personas! Vaya, me pongo muy seria!

Os pongo en antecedentes. Maggie, la protagonista, harta de que en las reuniones familiares todo el mundo compare su pelo negro indomable, con el precioso y siempre bien peinado pelo rubio de su prima, decide que si se lo corta no habrá más comentarios. ASí lo hace y cuando se mira al espejo comprende la magnitud de lo que ha hecho. Sabe que al contrario de lo que esperaba, el corte va a dar mucho más que criticar…

“¿Qué otra cosa podía hacer que llorar? Permaneció sentada tan indefensa y desesperada entre los negros mechones como Áyax entre las ovejas muertas. Tal vez su angustia parezca muy trivial a los curtidos mortales que tienen que pensar en facturas navideñas, amores muertos y amistades rotas, pero no era menos amarga para Maggie -tal vez incluso más- de lo que lo son lo que nos gusta denominar antitéticamente “las verdaderas penas” de la madurez. “Ay, hijo, ya tendrás problemas de verdad para preocuparte dentro de poco”, nos han dicho a casi todos en la infancia para consolarnos, y lo hemos repetido a otros cuando hemos crecido. Todos hemos sollozado lastimeramente, sostenidos por diminutas piernas desnudas que asomaban por encima de pequeños calcetines, al perder de vista a nuestra madre o a la niñera en algún lugar desconocido, pero ya no podemos evocar el dolor del momento y llorarlo de nuevo, tal como podemos hacer con los sufrimientos de cinco o diez años atrás. Todos estos instantes tan intensos han dejado su huella y perduran en nosotros, pero estas huellas se han mezclado irremisiblemente con la textura más sólida de la juventud y la madurez; por ello podemos contemplar los disgustos de nuestros niños con una sonrisa de incredulidad ante su dolor. ¿Hay alguien que pueda recuperar la experiencia de su infancia, no sólo con el recuerdo de lo que hizo y lo que le sucedió, de lo que le gustaba y lo que le disgustaba cunado llevaba bata y pantalones, sino plenamente, con la conciencia revivida de lo que sentía entonces, cuando el tiempo entre dos veranos transcurría tan lentamente?¿Lo que sentía cuando los compañeros de colegio lo echaban de su juego porque lanzaba mal el balón por mera terquedad? ¿O en un día de vacaciones lluvioso, cuando no sabía cómo divertirse y pasaba de la ociosidad a la travesura, de ésta al desafío y de éste al malhumor? ¿O cuándo su madre se negaba tajantemente a permitir que tuviera una levita aquel trimestre, aunque todos los niños de su edad llevaban ya la chaqueta con faldones? Si pudiéramos recordar estas amarguras tan tempranas y nuestras oscuras previsiones, aquella concepción de la vida sin perspectivas que tan intensa hacía la amargura, no nos reiríamos de las penas de nuestros hijos”.

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No lo he olvidado

Para todas, ¡feliz día de la mujer!

Y para celebrarlo, y para quienes no la conozcáis, una recomendación para día tan señalado: Gioconda Belli, mujer, nicaragüense, feminista, revolucionaria… La descubrí en mi adolescencia cuando me enamoró con La Mujer Habitada, una novela que recomiendo mucho a quien no la haya leído. Después seguí su trayectoria, más o menos, siempre según me lo permitía la economía y los nuevos intereses literarios. E incluso me convenció alguno de sus libros de poesía. Aquí os dejo este poema, muy adecuado para el día y que he sacado de su libro El Ojo de la Mujer* y también este enlace en el que podéis encontrar más poemas y otros fragmentos de su obra.

CONJUNCIÓN

Afuera
la noche agazapada
aguarda como un tigre
el salto mortal a través de la ventana,
en este recinto donde doliosamente
hago surgir del aire las palabras
me asombra la latente presencia de un beso sobre la pierna.
No hay nadie sólo mi cuerpo solo
mi cuerpo y los cabellos extendidos en imágenes
estoy yo y están ellas
las mujeres sin habla
esas que mis dedos alumbran
esas que la noche se lleva en su aliento de luna

Mujeres de los siglos me habitan:
Isadora bailando con la túnica
Virginia Woolf, su cuarto propio
Safo lanzándose desde la roca
Medea Fedra Jane Eyre
y mis amigas
espantando lo viejo del tiempo
escribiéndose a sí mismas
sacudiendo las sombras para alumbrar perfiles
y dejarse ver por fin
desnudadas de toda convención

Mujeres danzan a la luz de mi lámpara
se suben a las mesas dicen discursos incendiarios
me sitian con los sufrimientos
las marcas del cuerpo, el alumbramiento de los hijos
el silencio de las olorosas cocinas, los efímeros tensos dormitorios
mujeres enormes monumentos me circundan
dicen sus poemas cantan bailan recuperan la voz
dice: No pude estudiar latín no pude escribir como Shakespeare
Nadie se apiadó de mi gusto por la música
George Sand: Tuve que disfrazarme de hombre, escribí oculta en el
nombre masculino
Y más allá Jane Austen acomodando las palabras de “Orgullo yPerjuicio”
en un cuaderno en la sala común de la parroquia
interrumpida innumerablemente por los visitantes

Mujeres de los siglos adustas envejecidas tiernas
con los ojos brillantes descienden a mi entorno
ellas perecederas inmortales
parecieran gozar detrás de las pestañas
viendo mi cuarto propio
el nítido legajo de papeles blancos
la negra electrónica máquina de escribir
los estantes de libros
los gruesos diccionarios
el cenicero negro de ceniza
el humo del cigarro

Yo miro los armarios con la ropa blanca
las pequeñas y suaves prendas íntimas
la lista del mercado en la mesa de noche

siento la necesidad de un beso sobre la pierna.

*Belli, Gioconda: El ojo de la mujer. Poesía Reunida. Ed. Visor-libros (Colección Visor de poesía, nº 291) 256 págs. ISBN: 84 – 7522 – 291 – 9.

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