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Archive for the ‘Vida’ Category

En campaña

No he dicho nada hasta ahora. Pero, queridas amigas, queridos amigos, como no sólo de libros vive la mujer, también estoy inmersa en plena campaña electoral. ¡Qué le vamos a hacer! Yo también soy un animal político. Quizá no tanto en los últimos tiempos (más por falta de tiempo que de ganas), pero visceral y tradicionalmente militante y votante de izquierdas.

Pero mira en qué fechas estamos y yo no he dicho nada. Y mira, por ahí ya no paso.

Podría escribir un panfleto y que no leyérais ni una línea pero, en cambio, os voy a remitir a la más Grande. Almudena ha vuelto a escribir y yo firmaría ya mismo su artículo. Así es que si ya está bien dicho aquí mejor no me repito.

El domingo, como todos los demás domingos en que he podido hacerlo, iré a votar. Saldremos los cuatro a dar un paseo y espero que Darío tenga mil preguntas sobre dónde vamos y qué vamos a hacer. Espero que Siria quiera subirse al tobogán mil veces antes de poder volver a casa. Y espero que tengamos el mejor gobierno posible. Porque no da igual, de verdad no lo da. Porque quiero vivir y que mis hijos crezcan en la mejor de las sociedades posibles. Y eso no es algo que una pueda conseguir a solas…

¡Os deseo una buena elección!

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Por fin

Y después de lo dicho en el último post de pronto cae en mis manos la última novela de Almudena Grandes… y me reconcilio conmigo misma; me reencuentro con esa pasión devoradora de libros, que no cualquier libro… y me escondo por las esquinas para leer una página más mientras mis peques me llaman, y me quedo un poco más “sólo hasta el final de este capítulo” todas las noches, y duermo poco pero contenta; y un poco triste porque es la historia que es, porque eso también lo tenía olvidado. Que sí, Almudena, preciosa, que somos lo que somos. Y yo también, nosotros también.

Y menos mal que tú siempre me recuerdas de dónde vengo…

(Comentario completo cuando lo termine de leer)

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Dentista

Llevo años arrastrando el tema de los dientes. Y es que en esto no he superado mi fase más infantil.

La primera vez que fui al dentista, íbamos mi hermana Encar, mi madre y yo. Mi hermana siempre fue (y sigue siendo) la valiente, la lanzada, la que no tenía miedo de hacer nada ni pensaba en hacerse daño. Ella entró primera y salió tan contenta. Yo entré y no conseguí dejar de temblar y llorar en todo el tiempo, tanto que el propio dentista le dijo a mi madre que así no podía hacer nada.  Por supuesto, nos fuimos, pero de la cantinela de “tu hermana ha podido y tú no, ¿no te da vergüenza?” de mi madre, no me libró nadie. La recuerdo perfectamente, y la sensación de malestar que me provocó porque, además, mi querida y valiente hermana era dos años menor que yo, y eso a los 9 o 10 se nota mucho.

Ahora ya voy por mi propio pie, las últimas veces por urgencias que no me dejaban pensar mucho en lo que me iban a hacer porque el dolor que tenía era superior a mi miedo. En dos ocasiones he ido a que me hicieran sendos presupuestos. Y en las dos mismas ocasiones no han vuelto a saber de mi.

Pero ahora esto se ha convertido en un reto. Y que este año me arreglo los piños, me los arreglo…

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Breves #1

Últimamente en el trabajo nos hemos juntado muchas madres. Y uno de los temas recurrentes en nuestras conversaciones es el peso de los bebés.

Reconozco que desde que leí Mi niño no me come, de Carlos González (el Carlos pediatra de mi tribu, Carmen) mi visión de la alimentación infantil cambió para siempre.

No siempre tengo ganas de discutir con todas, de decirles que no es tan importante cuánto pesen los niños, que no es una competición, y que los niños te suelen marcar el ritmo de alimentación (siempre siguiendo unas pautas, cierto, pero diciendo lo que quieren y lo que no en su propia forma y lenguaje).

Pero encuentro que hay algo perverso en que nos pasemos media vida preocupándonos porque los niños pesan poco, para luego pasar el resto de la vida preocupándonos porque nosotras o ellos pesamos demasiado…

No creo que vuelva a escribir antes, así es que a todas ¡Feliz año nuevo!

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Nuevos hábitos

Mi historia con el tabaco siempre ha sido de amor. Sí, lo escribo para que quede para la posteridad: me encanta fumar.
Pero también es cierto que es un vicio compulsivo en mi: no puedo fumar un poco, nunca he podido. Recuerdo lo mal que me sentó mi primer cigarro y sin embargo, las ganas que me dieron de fumar otro. Y de esto hace ya muchísimos años.
Mi cuerpo ha sido muy sabio y en mis dos embarazos no me ha permitido, ya no fumar sino ni siquiera oler el tabaco (de hecho sospeché que estaba embarazada de Siria cuando un día al ir a encender un cigarrillo me dio una arcada). Pero tras los embarazos volví en las dos ocasiones a retomar el hábito.

En octubre dije que se había acabado, que ya estaba lista para dejar de fumar. Y ahí voy, para dos meses. Aparte de que me encanta fumar (¿ya lo he dicho?, es que me encanta de verdad), el principal problema que tengo es que necesito tener las manos ocupadas. Como en el trabajo ya no se puede fumar, pues me he acostumbrado a no fumar antes de dejarlo. Pero al llegar a casa, la cosa cambiaba. Solución: me he enganchado al amasado. Como habréis visto en mi última entrada (y tiempo habéis tenido porque actualizo de siglo en siglo), ahora estoy enganchada al horno, la harina y la mantequilla. Vale, por ahora la cosa funciona: cuando me da el ataque de ansiedad, saco los trastos y a probar cosas nuevas. No siempre salen bien las cosas y a veces hay que tirar todo a la basura. Pero en general estoy contenta con los resultados.

Así es que si a partir de ahora mis escritos son culinarios, no os extrañéis. Es mi terapia.

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Panificadora

Mi padre, ayudado en la decisión por mi hermana Lucía, e informados ambos oportunamente por servidora, compró hace unos meses la panificadora que una cadena de supermercados ponía a la venta a muy buen precio.
Y no como no hay nada como conocerse, supe en cuanto decidió comprarla, que el capricho sería cosa de unas semanas, un par de meses a lo sumo.
En cualquier caso, no estaba tampoco por aquel entonces muy interesada en hacer pan ni en tener una panificadora.

Pero últimamente, después de mi creciente adicción al amasado, se había convertido en objeto de mi deseo. Así es que la semana pasada probé y no sólo me la dejaron para el fin de semana sino que mi madre me instó a que le “quitara ese trasto de enmedio para siempre”.

Así es que ahora tengo panificadora y ya llevo un par de bizcochos y un par de panes en mi libreta de pruebas. Y estaba yo pensando si no sería más interesante convertir este espacion también en libreta de recetas…

Probaré.

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Magdalenas de calabaza

Iba a escribir aquí mi receta de las magdalenas de calabaza. Pero he pensado que todavía tengo que retocar mucho más el blog antes de hacerlo público.

Además tengo mi otro cuarto propio. Así es que allí la he posteado y aquí le enlazo.

Aunque me vuelva loca con tanto blog, tampoco voy a caer en la repetición de posts. Eso ya es demasiado, ¿no?

Por cierto, ¿se nota que no está la jefa esta mañana?

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